Durante años, el desarrollo de videojuegos en República Dominicana fue una actividad casi invisible: jóvenes que aprendían por su cuenta, proyectos personales sin financiación y talento que terminaba trabajando para empresas extranjeras. Esa realidad está cambiando. En los últimos años, el país ha empezado a construir las bases de una industria propia, con formación impulsada por el Estado, una asociación de desarrolladores y estudios locales con cientos de miles de descargas. El camino, sin embargo, sigue lleno de obstáculos.
Un país de jugadores que empieza a crear
República Dominicana cuenta con cerca de cinco millones de jugadores, según datos del Ministerio de Industria, Comercio y Mipymes (MICM), una base que muestra el enorme potencial del mercado local en la región. América Latina y el Caribe suman unos 397 millones de jugadores, y el país se ha propuesto posicionarse como un actor relevante en ese escenario, no solo como consumidor, sino como productor de videojuegos.
El primer paso para lograrlo fue medir el talento disponible. El MICM, en colaboración con la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI), elaboró el primer Diagnóstico Nacional del sector de videojuegos en República Dominicana, un estudio que identificó a más de 200 jóvenes talentos dedicados a la creación de videojuegos. A raíz de ese diagnóstico se creó la Asociación Dominicana de Desarrolladores de Videojuegos (ADDV), la primera organización del sector en el país, que agrupa a creadores y sirve como punto de encuentro para una comunidad que hasta entonces trabajaba dispersa.
Formación: el programa Bit a Bit
La iniciativa más ambiciosa de los últimos años es el programa «Bit a Bit: Aprende, Crea y Monetiza tu Talento», puesto en marcha por el MICM junto al Banco Popular Dominicano en agosto de 2025. El programa forma parte de la Estrategia Nacional de Exportación de Servicios Modernos, diseñada por el MICM en 2021 para impulsar sectores como las industrias creativas digitales, y busca profesionalizar el sector y darle sostenibilidad económica.
La primera edición arrancó con una comunidad de 300 alumnos y un programa formativo intensivo de ocho semanas, con cuatro módulos dedicados a los fundamentos del negocio de los videojuegos, la presentación y el financiamiento de proyectos, la gestión y la propiedad intelectual, y el marketing digital para videojuegos. La idea es que los participantes no solo aprendan a programar o diseñar, sino a convertir su creatividad en proyectos con potencial de negocio, empleo y exportación de servicios.
DoGame y Dominican Power: el ejemplo local
El caso más conocido del talento dominicano es el de Frederick Ventura, un joven de Santo Domingo Este, egresado de Ingeniería Civil del Instituto Tecnológico de Santo Domingo (INTEC), que creó el videojuego «Dominican Power». El juego retrata las vivencias de los dominicanos, sus coloquialismos y lugares emblemáticos del país: el personaje llega al país sin un peso en el bolsillo y con una deuda que debe pagar en 30 días, y al final de cada nivel hay trivias sobre temas que representan la dominicanidad.
Lo que nació como un proyecto educativo personal, para poner en práctica lo aprendido en la asignatura de Fundamentos de Programación, se convirtió en un éxito inesperado: en sus primeros ocho meses, «Dominican Power» superó las 400 mil descargas en Play Store, iOS y PC. A partir de ese juego, Ventura fundó su propia empresa, DoGame, y hoy trabaja en un nuevo proyecto llamado «El Trabucazo», publicado en la tienda Steam como «The Blunderbuss». Su objetivo declarado a largo plazo es fundar la primera gran empresa de desarrollo de videojuegos en República Dominicana.
Los retos: financiación, formación y fuga de talento
El entusiasmo no debe ocultar los problemas. El propio Ventura lo ha dicho con claridad: muchos jóvenes dominicanos se forman en desarrollo de videojuegos y terminan trabajando en empresas extranjeras, porque en el país faltan estudios consolidados que los contraten. Su petición a las autoridades es que se destine un mayor presupuesto a la industria, para que el talento que se forma aquí pueda quedarse aquí.
La financiación es el primer reto. Crear un videojuego exige meses o años de trabajo antes de ver ingresos, y en el país apenas existen fondos o inversionistas dedicados al sector. El segundo reto es la formación: aunque hay diplomados y cursos en línea sobre diseño y producción de videojuegos, todavía no existe una oferta académica amplia en las universidades dominicanas dedicada a esta industria. El tercer reto es la visibilidad: los estudios dominicanos compiten en tiendas digitales con millones de juegos de todo el mundo, y destacar sin presupuesto de marketing es extremadamente difícil.
Un sector que empieza a tomarse en serio
Pese a todo, el cambio de actitud es real. Hace unos años, hablar de videojuegos en República Dominicana era hablar solo de jugar; hoy hay un diagnóstico nacional, una asociación de desarrolladores, un programa de formación con 300 alumnos, empresas locales como DoGame y una estrategia oficial de exportación de servicios creativos. El futuro del sector dependerá de que esa apuesta se sostenga en el tiempo. Si la formación continúa, si aparecen fondos para los primeros estudios y si los casos de éxito como el de Frederick Ventura se multiplican, República Dominicana puede pasar de ser un país de jugadores a ser un país de creadores. El talento ya está identificado; ahora falta la constancia para convertir una promesa en una industria.
Fuente: Invertix











